“para decir que no hay nombre que lo nombre,
lo designo con la letra más directa a”[1].
[1] Sem 16, Ed. Paidos p. 167
Clases: X Las tres matrices.
XI Debilidad de la verdad, administración del
saber.
Iniciamos la
reunión haciendo hincapié en el retorno a Freud propuesto por Lacan. Freud
enseña que “el sujeto pensante percibe desde el primer momento que solo puede
reconocerse como efecto de lenguaje”[1].
En el Seminario
24, el chiste, la interpretación y la poesía logran un encuentro fugaz con
alguna verdad que se puede decir. En la poesía, hay un trabajo con la lengua.
Dice Lacan: “mi
discurso, cuando retomo el de Freud para basarme en lo que él inició, se
distingue (…) del discurso filosófico”[2].
Nos detenemos en
la noción de discurso a la altura de nuestro Seminario, dónde el discurso
psiconanalítico es un discurso sin palabras. Discurso que sostiene al sujeto.
Un analista es “alguien para quien existe la cuestión de la dependencia del
sujeto respecto del discurso que lo sostiene y que él sostiene”[3]. El
discurso es quien comanda.
Se propone como
próxima investigación partir del Seminario “El reverso del psicoanálisis” dónde
Lacan plantea cuatro discursos (del amo, de la histérica, del analista y
universitario).
Recordamos lo
trabajado sobre qué es un discurso en nuestra 3° reunión con fecha del 4/07/09:
¿Discurso sin palabra?
Se comenta sobre un error de traducción. En
la versión corregida por Miller, la frase que escribe Lacan en el pizarrón es
la siguiente: “La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin
palabras”[4]. Pero la cita textual
en francés es: “C'est bien pour cette raison que ce que je prefére, c'est un
discours sans parole”[5]. Lo que cambia es el
singular de: palabra. Se referirá Lacan a ¿un discurso sin palabra plena? ¿Sin
la última palabra como lo menciona en el Seminario 18? En la estructura
discursiva hay algo que no es completo.
En la versión de la escuela freudiana
encontramos lo siguiente: “(…) he tomado cuidado en escribir, hace un momento
en el pizarrón, sobre la esencia de la teoría: "La esencia de la teoría
psicoanalítica es un discurso sin palabra". La esencia de la teoría
psicoanalítica es la función del discurso y precisamente en lo que podría
parecerles nuevo, o al menos paradojal: que yo lo diga sin palabra. Se trata de
la esencia de la teoría en tanto que eso es lo que está en juego”.
Sobre la Apuesta
Pascal se corre
del dios de los filósofos y no nos presenta una apuesta contra un partenaire.
Nos desconcierta con “la existencia de un partenaire y de apostar sobre ella”.
¿El Otro existe o no? Nos detenemos en una cita de la página 157:
“Del Otro no se
puede siquiera asegurar la existencia. La elección recae al mismo tiempo sobre
la existencia o la no existencia del Otro".
Es recomendable
dice Lacan “si se tiene el espíritu matemático, (…) apostar en el sentido que
propone Pascal”[6]. Su Apuesta es del mismo
orden que la elección forzosa entre no soy y no pienso. Elija lo que se elija
siempre se pierde. Aquí hay un real que hace tope.
Da un paso más
Lacan y nos señala que lo real también depende de cara o cruz:
“es inconcebible
(…) imaginar otro limite del saber que este punto de tope donde solo hay que
vérselas con algo indecible y que bien es o bien no es”[7].
La elección
sobre la existencia de Dios planteada por Pascal, nos acerca a otra disyunción:
lo real como inconcebible, indecible, que hace límite al saber.
En Freud el tope
lo encontramos en el Complejo de Castración, el grano de arena, el narcisismo
primario. También en “Psicoterapia de la Histeria ” se trata del núcleo traumático o en
“Análisis terminable e interminable”, las neurosis actuales.
¿Con qué se
topa el saber?
Proponemos
retomar el texto trabajado en reuniones anteriores de Sara Glasman.
Se recomienda
leer los escritos de Lacan “La ciencia y la verdad” y “La Cosa Freudiana ”. En
el primero distingue saber y verdad y en el segundo resalta que la verdad
enuncia.
Dice Lacan:
“Hice decir a la verdad - yo la verdad hablo (…) que hable no significa que
diga la verdad. Es la verdad, y habla. En cuanto a lo que dice, son ustedes los
que tienen que arreglársela con eso”[8].
Se trata de una
verdad que causa (en francés cuaser
es tanto causar como conversar).
En el seminario
12, plantea Lacan tres círculos: saber, sujeto- verdad, sexo. No hay saber en
el sujeto. No hay encuentro entre sexo y saber. Lo que tienen en común, lo que
falta, a los tres círculos es el objeto a. Lacan va a plantear que no hay
relación sexual, he aquí el tope. Entre los cuerpos no hay proporción.
Objeto a,
plus de gozar
Leemos en
detalle una cita de la pagina 149: “desde que se instala la mesa de juego (…)
el sujeto antes de ser pensante, es primero a y solo después se plantea la
cuestión de enlazar (…) que piensa. Pero no hubo necesidad de pensar para estar
fijado como a. Ya está hecho”.
Nos preguntamos:
¿Qué lugar hay
entre pienso y el objeto a? ¿antes de pensar, se es sujeto? ¿Primero se es a,
después se es pensante?
Planteamos una
antecedencia del objeto sobre la constitución del sujeto, no hay necesidad de
pensar para estar fijado en a. En el Escrito “Subversión del sujeto” se trata
de un sujeto ser de no ente.
Retomamos la
diferencia entre homología y analogía. Los discursos de Freud y Marx no se
desarrollan en el mismo campo plantea Lacan.
Al comienzo del
Seminario en la clase primera encontramos el término homología:
“Con una
homología que se apoya en Marx, procederé a presentar hoy el lugar en donde
tenemos que situar la función esencial del objeto a”[9].
Luego en la
clase 11 hace referencia a una analogía:
“me pregunto qué
aporté de nuevo este año, salvo este nombre Mehrkust,
plus- de –gozar, en analogía con el Mehrwert”[10]
Podemos rastrear
en nuestra acta n° 3 lo que trabajamos al comienzo de la investigación sobre
ello:
Lacan toma un concepto de Marx, la plusvalía
y realiza una homología llamada: plus de gozar. Destaca un nuevo valor del
objeto a, que es el valor de plus de goce.
La función plus de gozar “aparece debido al
discurso y demuestra en la renuncia al goce un efecto del discurso mismo (…) el
discurso posee los medios de gozar en la medida que implica al sujeto. No
habría razón alguna de sujeto (…) sino hubiera en el mercado del Otro como
correlato el establecimiento de un plus-de-gozar recuperado por algunos”.[11] Porque hay discurso,
hay renuncia al goce. El discurso mismo implica una renuncia y otorga los
medios de gozar.
Nos
detenemos en la clase 1: “En nuestro nivel solo cuenta esta pérdida. No
idéntico de aquí en más a sí mismo, el sujeto ya no goza. Algo está perdido y
se llama el plus- de- gozar, que es correlativo (…) de la entrada en juego de
lo que desde ese momento determina todo lo relativo al pensamiento”[12].
Planteamos
que el pensamiento se sostiene en una pérdida. El pensamiento como sombra del
objeto a se sostiene en el Unario. Se trata de interrogar el 1 + a.
Dice
Lacan: “encontrar en el a la esencia del Uno supuesto del pensamiento, es
decir, determinar el pensamiento mismo como el efecto (…) la sombra de la
función del objeto a.”[13]
Si pensamos en
Freud “Interpretación de los sueños”, se trata de un saber inconciente sin
sujeto. Hay saber inconciente desde entrada. El pensamiento nace con la
diferencia de identidad de percepción. Pensamos la huella mnémica como límite
que marca la diferencia entre lo buscado y lo encontrado.
Relación entre el Otro y a
“Por haberlo perdido, por haber jugado sin saberlo a un quien pierde gana,
solo conseguimos identificar con a lo que atañe al Otro mismo”[14].
Intentamos pensar el objeto a como Cosa
y causa.
Lacan nos da una señal para la clínica en relación a la Identificación como
obstáculo.
Nos dice: “Haría
falta saber si la identificación en el análisis es el objetivo o el obstáculo.
Quizás se comprometa a la gente a obtenerla, pero para que al mismo tiempo se
deshaga de ella. Del hecho de deshacerse justamente por obtenerla puede surgir
algo distinto que llamaremos (…) el agujero”[15].
Propone Lacan ver otros hechos que los analógicos, ya que Freud no se guiaba
por los sentidos, por el olfato. Sino que hay en Freud una coherencia que
validar.
Retomamos un
gráfico de la Clase
5 vemos que el saber está fuera del campo del Otro, me representa frente al
Otro. Dice Lacan “calificar al sujeto como tal nos pone fuera del Otro. Este
nos pone (nous met) es quizás una forma de noúmeno que nos conducirá más lejos”[16]. No
es fácil de captar, no se capta en espacio y tiempo.
Última cita para
seguir pensando el rasgo unario y el 1 como totalizante:
“si el A es el
1, debo incluir este S en la medida en que representan al sujeto ¿respecto de
qué? Respecto de A (…) el 1 del que se trata ya no es rasgo unario, sino el 1
unificante que define el campo del Otro” p. 167
[4] Sem. 16, Ed. Paidos p. 11
[5] Sem. 16, Ed. Seuil, p. 41
[6] Sem 16, Ed. Paidos p. 157
[11] Sem 16, Ed. Paidos p. 17
[12] Sem 16, Ed. Paidos p. 20
[13] Sem 16, Ed. Paidos p. 169
[14] Sem 16, Ed. Paidos p. 169
[15] Sem 16, Ed. Paidos p. 154
[16] Sem 16, Ed. Paidos p. 76
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